NO TODAS LAS AMAS DE CASA SON DESESPERADAS.

NO TODAS LAS AMAS DE CASA SON DESESPERADAS.

No podemos negar que todas, o por lo menos la gran mayoría de las películas y series de tv que tanto nos gustan, están basados en clichés. Clichés que muchas veces nos parecen obvios e incluso un poco ridículos, pero que en ocasiones, reproducimos en nuestras vidas. Lo que me causa curiosidad es que, la mayoría de las veces que los clichés aparecen en nuestra cabeza, se los asignamos a los demás y muy pocas veces a nosotros mismos.

Si conocemos una ejecutiva exitosa,  pensamos debe ser soltera porque los hombres se sienten intimidados. Si nos cuentan que alguien  está entusado, entonces lo imaginamos tirado en un sofá comiendo litros de helado o borracho hasta las chanclas, en algún bar de mala muerte. Si son amas de casa, entonces aparecen en nuestra cabeza, las mujeres de Wisteria Lane.

Pero lo cierto es que la mayoría de las veces, nuestros imaginarios no podrían estar mas lejos de la realidad. No todos los escritores viven sin bañarse en un ático, no todos los investigadores son asociales y no todas las monas son tontas. La verdad es que yo creo que caemos en estos juicios, buscando entender el mundo en el que vivimos. Entender la vida y las desiciones de los demás puede ser más fácil  si logramos encasillarlos en estereotipos y clichés que creemos conocer.

La semana pasada en un restaurante escuche a una mujer diciendo “ayer hablé con  Fulanita y está como todas las amas de casa: desesperada. Se la pasa  metida en la casa o haciendo planes con las vecinas. “Siendo muy honesta me contuve para no voltearme y decirle: no todas las amas de casa son desesperadas. Así como no todas las solteras son felices, ni todos los buenos hombres son gays.  Pero a medida que pasó la tarde, escuche al mismo personaje quejarse de como su trabajo la tenía cansada, y no le dejaba ni un segundo para tener una vida social o familiar. Y entonces ahí entendí.

Hay otras razones por las que le abrimos la puerta a los estereotipos, y es que queremos ser parte de ellos. Pero en la mayoría de los casos querer pertenecer no es suficiente. Por más que lo intente jamás seré una mujer alta, así como la mujer del restaurante no podrá quedarse en casa o disfrutar de una vida social más activa hasta que no cambie de trabajo.

Entonces en ese punto en que nos damos cuenta que la vida nos dice: No y nos cierra la puerta, creemos que la única opción es destruir eso que tanto anhelamos. Y así es como una mujer pasa de ser alta, a ser un poste de luz. Un hombre exitoso laboralmente pasa a ser un workaholic. O una mujer soltera de más de 30, pasa a ser una solterona.

Pero cuando etiquetamos a alguien, y no me refiero a los tags de Facebook ¿no nos etiquetamos a nosotros mismos? O mejor todavía ¿qué ganamos con hacerlo?

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