SER SONÁMBULA NO ES TAREA FÁCIL.

SER SONÁMBULA NO ES TAREA FÁCIL.

Para mi  no es extraño despertarme en la mitad  de la noche, parada en la sala de mi casa, o en la cocina, o en la mitad de una conversación sin sentido con alguien. Desde que me acuerdo siempre he sido sonámbula o como diría mi abuelita de sueño inquieto.

Siempre digo “soy sonámbula” la gente se imagina que camino como caricatura con los brazos estirados, pero la verdad es que la realidad es otra. Primero, no hay necesidad  de tener los brazos estirados, aunque no esté consiente jamás me he estrellado contra las paredes o los muebles de la casa. Segundo, no todas las veces que estoy sonámbula me levanto o salgo de mi habitación, en realidad la mayoría de las veces sólo hablo o hago cosas desde la comodidad de mi cama.

Mientras viví con mis papás, ellos siempre tuvieron miedo de que me rodara por las escaleras y quedara despierta del golpe contra el suelo, pero afortunadamente mis expediciones nunca pasaron del segundo piso.

La verdad es que he tenido tantos episodios que no me acuerdo de todos, pero hay unos que fueron difíciles de olvidar.    Una vez a media noche, desperté a mi mamá porque tenía que pagar un taxi que me estaba esperando abajo. Por fortuna me dio por ir a pedir plata antes de salirme de la casa en Yerbabuena a pagar un taxi imaginario. No se imaginan lo extraño que se sintió despertarse en la habitación de los papás, sin tener idea de cómo llegue hasta allá, y ver a mi mamá con cara de pánico decirme “hija no te preocupes, mañana le pagamos al señor, ve y te acuestas”.

Muchas veces me desperté en medio de una pelea con mi hermana, alegando a gritos por quien sabe qué cosa. Ella convencida que yo estaba consiente se molestaba por que la despertaba preguntándole alguna tontería. Normalmente cuando se daba cuenta  que yo estaba dormida o me despertaba, nos moríamos de risa y seguíamos durmiendo como si nada hubiera pasado.

Aunque me pasa con bastante frecuencia creo que es algo a lo que la gente le cuesta trabajo acostumbrarse. Mi esposo ha recibido cachetadas, gritos, ataques de cosquillas y de risa, de parte de mi cerebro que no logra diferenciar si lo que está pasando es un sueño o la realidad.

Muchas veces cuando me levanto a tomar agua o al baño en la noche él se despierta y me pregunta amor: ¿estás despierta? o cuando estoy teniendo un episodio casi siempre me despierto gracias a esa misma voz que me dice “amor no te preocupes, estas dormida, acuéstate tranquila.”

Son muy pocos los que tienen la habilidad de entender lo que pasa cuando están recién levantados. Ahora imagínense lidiar con una sonámbula, en ese estado y lograr mantener la calma. Gracias a Dios, mi esposo aprendió rápidamente que hacer y que no. Pero la verdad es que lidiar con cosas sobre las que no tenemos ningún tipo de control no es fácil y definitivamente ser sonámbula no es tarea fácil.

 

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