CUIDADO CON LOS CARTERISTAS.

CUIDADO CON LOS CARTERISTAS.

A veces cuando uno vive en una ciudad tan insegura como Bogotá, tiende a pensar dos cosas. Primero uno cree que todas las ciudades son más seguras que la de uno.

Segundo, como uno viene de una ciudad muy insegura, se las sabe todas y no lo van a poder robar. De todo esto, lo único cierto es que las dos cosas son falsas y actuar sobre cualquiera de estas dos premisas puede salir más caro de lo que nos gustaría.

En varias ciudades, especialmente en los lugares de mucha congestión, como el metro o la estación de trenes, no es raro escuchar por el altavoz un mensaje corto pero contundente: Cuidado con los carteristas. No sé si fue la palabra carterista, que me transporto a una de mis clases de 3er semestre en donde vi la película “El carterista” o el hecho de que a pesar de nuestra experiencia y cuidado, en Venecia uno de estos personajes logró sacarnos la billetera, pero la frase me quedó sonando.

En estos días, en otra estación de tren en un país totalmente diferente, en medio de la gente, casi inconscientemente le dije a mi esposo: cuidado con los carteristas, como poseída por la grabación que había escuchado unas semanas antes.

Pero la cosa no paró ahí, el tema de los carteristas me ha estado dando vueltas en la cabeza, porque la verdad, aunque suene un poco duro, vivimos entre ellos. Entre personas que muchas veces no están detrás de nuestras carteras, pero que de algún otro modo terminan por robarnos.

Hay carteristas de muchos tipos, (no se porque escribo carterista en vez de ladrones, creo que en verdad me gusta como suena esa palabra). Están, entre muchos otros, los que nos roban tiempo; los que nos roban energía; e incluso hay algunos que quieren robarnos hasta la paciencia.

En un principio, pensé que los peores de todos eran los que andaban detrás de nuestras carteras. No solamente porque se llevan nuestras tarjetas de crédito, nuestra plata y nuestra billetera que seguramente nos encanta, sino porque se llevan los documentos. Eso en Colombia, se traduce en interminables filas y meses de espera para poder recuperar la cédula y el pase.

Luego me di cuenta, que por más aburridoras que puedan ser esas vueltas, las cosas se recuperan, pero cuando nos roban nuestro tiempo, nuestra energía o la tranquilidad, la cosa se complica.

Peor que la fila para sacar el duplicado del pase, es la gente que llega tarde a las citas o las cancela 10 minutos antes, o el que nos pone a trabajar en cosas innecesarias y nos hace perder tiempo.

Prefiero andar con contraseña, cual adolecente, antes de tener que soportar algún personaje, que me robe energía. No se si soy muy sensible o si sólo me pasa a mí, pero hay personas que parecen vampiros, después de compartir una hora con ellos, necesito una tarde para recuperarme.

Y ni hablar de los que se proponen deliberadamente a llevarse mi paciencia, como algunos personajes que contestan en los call center de Claro o ETB. O los clientes que ponen todos los peros del mundo para pagar; en general la gente que intenta enloquecerme antes de cumplir con su trabajo. Con razón nos insisten tanto, en que hay que tener cuidado con los carteristas.

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