EL QUE HA VISTO ROMA, LO HA VISTO TODO.

EL QUE HA VISTO ROMA, LO HA VISTO TODO.

Entre muchos otros refranes, en mi última visita a Roma me di cuenta que quizá este sea el más cierto de todos. Obras de arte, ruinas, monumentos, historias y leyendas aparecen en cada esquina. Cada metro cuadrado de esa ciudad tiene algo que contar. Mucho de lo que alguna vez nos enseñaron en el colegio, está ahí para verlo y sentirlo.

Caminando sus calles, uno se siente transportado a otra época. Todo está tan bien conservado que sin mucho esfuerzo se puede recrear en la cabeza, los palacios y jardines del Palatino, los espectáculos del Coliseo Romano y los grandes desfiles que, alguna vez, pasaron por el Arco de Constantino.

Seguramente por ser una ciudad única, incluso en ésta época que todavía no es temporada alta ni verano, Roma está llena de turistas de todas partes del mundo. La ciudad es una mezcla de colores, olores y personalidades, que complementan todo el espectáculo visual. Ahí si que la frase el que ha visto Roma, lo ha visto todo cobra un nuevo sentido.

Una tarde sentados en un café, mientras descansábamos un poco, nos pusimos a ver las personas pasar. Viendo los estilos, la ropa, los cortes y colores de pelo que eligen, se volvió evidente como, ahora a diferencia de otros tiempos, el concepto de lo que es estéticamente bonito, ya no es un concepto sino más bien una opinión.

Antes bastaba con ver las pinturas, tapices y esculturas para saber cuál era el concepto estético. Aunque mucho más restringido, era mucho más fácil decidir que era hermoso y que no.

Yo en ese sentido soy más bien conservadora y clásica, siempre he pensado que es mejor pecar por defecto que por exceso cuando de moda se trata. Respeto totalmente las nuevas visiones de belleza con sus respectivos estilos, pero sin ánimo de que malinterpreten, si creo que las personas deberían tener ciertos límites con respecto a lo que se ponen o se hacen.

Qué es una forma de expresarse, sí. Que todos somos libres de ponernos y hacernos lo que queramos, también. Pero hay cosas de cosas. Mujeres, embutidas casi que a presión en shorts que seguramente son 2 tallas menos de las que deberían usar; gorditas exhibiendo todo en transparencias y camisas llenas de huecos; piernas consumidas por la celulitis en minifaldas apretadas; leggings que marcan más de lo que uno desearía por delante y por detrás, combinados con ombligueras, y la peor de todas, la moda de creer que una camiseta XXL es lo mismo que un vestido, para mí son un no rotundo.

Y ni crean que los hombres se escapan de ésta honda de desastres, señores con barrigas que casi tocan el piso forradas en camisetas, y ni hablar de los que usan escotes más profundos que los que usa su mujer, o combinaciones de colores que no salen, ni porque uno les toque la puerta.

Pero como más allá de un tema estético, el usar determinado tipo de ropa, raparnos media cabeza o pintarnos el pelo de verde o azul, es una forma de decir lo que pensamos, quizá el mensaje no llegue claramente si hay tanto, tanto que distraiga a nuestro interlocutor.

“La moda como la arquitectura, es cuestión de proporciones.” No lo digo yo, lo decía Coco Chanel y es que si uno se pone a pensar, realmente podemos ponernos lo que queramos, mientras que sea en la talla adecuada. Si no esta en nuestra talla, probablemente no deberíamos ponérnoslo.

 

C