21 HORAS A FINLANDIA.

21 HORAS A FINLANDIA.

No le tengo miedo a montar en avión, no siento la muerte cerca ni me dan ataques de claustrofobia. Y es que si pretendo visitar a mis sobrinas y hermana, al otro lado del mundo no podría tenerlo. Sólo hacen falta 3 aviones, 3 escalas, 2 aerolíneas y 22 horas para llegar a Finlandia.

Hoy, después de haber superado, medianamente el jet-lag de 8 horas de diferencia, me senté a escribir y a pensar ¿porqué si en realidad fueron 22 horas de viaje, sentí que fueron 40? Creo que todo empezó con el viaje Bogotá-Madrid, yo no confío y disfruto poco la comida de los aviones, pero la aerolínea nacional en la que hice el viaje, superó mis malas expectativas. Una comida, realmente fea y unas porciones que hasta mi sobrina de 2 años quedaría con hambre. La comida fue el mal presagio del resto del viaje.

Sin importar en qué clase viaje uno, a las 6 horas de estar en la misma posición, las piernas y otras partes del cuerpo empiezan a quedarse dormidas antes que uno. Si a eso le sumamos, unas sillas 3 filas adelante del baño, que recibían todo el resplandor del bombillo mientras los otros pasajeros desfilaban, y un chiquito con dolor de oído que lloró desconsolado todo el camino, podría decir que fue más bien un viaje pesado.

Pero para mi, esa no fue la peor parte del viaje. Lo peor son esas horas de escala que en papel son larguísimas, pero que en realidad se convierten en 3 segundos. Entre pasar por inmigración y recoger las maletas en la T1, se pasaron 2 horas y estábamos a 40 minutos de que cerraran nuestro vuelo en la T4.

Eso sí que me da miedo, sentir que el tiempo no alcanza y que vamos a ver desde la ventana como el avión en que supuestamente debíamos estar montados, despega. Esta vez, fuimos los últimos en llegar al counter, tuvimos que correr un poco, pero logramos montarnos en nuestras sillas, antes de que cerraran las puertas. En ese punto solo nos faltaban 6 horas de vuelo, 1 escala más y 4 horas por carretera hasta Jyväskylä.

La escala en Copenhague, sin tener que recoger las maletas, fue mucho más relajada, con un vuelo 30 minutos retrasado, tuvimos tiempo para recargar energía y comer algo decente, que no fuera sanduche empacado al vacío y jugo de naranja.

Pero esta pausa no fue suficiente para prepararnos mentalmente para lo que venía. 2 horas después en el aeropuerto de Helsinki, descubrimos que una de las maletas se había perdido en el camino. Al salir a la calle, para encontrarnos con una ciudad, que pesar de estar en primavera, todavía estaba cubierta de nieve y 3 grados bajo cero.