JAMÁS SABEMOS CÓMO VAMOS A REACCIONAR.

JAMÁS SABEMOS CÓMO VAMOS A REACCIONAR.

En teoría y en la mayoría de los casos, somos seres racionales, pero hay momentos en la vida en que, más que razón somos instinto. El martes pasado, en medio del temblor, vi muchas reacciones que sinceramente me dejaron sorprendida. Y es que en esos momentos, es donde más impredecibles nos volvemos. En ese justo instante en que nos vemos indefensos, sale a relucir nuestro comportamiento más irracional y nos damos cuenta de que jamás sabemos cómo vamos a reaccionar.

Nunca en mi vida, había estado “sola” (ósea sin mi familia) o fuera de mi casa en un temblor. Seguramente por eso, en esta ocasión mi reacción fue tan diferente. Esta vez no lloré, no entré en pánico. Esta vez por alguna razón, me di cuenta de que estaba temblando unos 10 segundos antes que los demás pacientes que estaban en la sala de espera conmigo. Eso me dio la ventaja, muy tranquila y sin decir nada, cogí mi cartera y baje las escaleras, intentando llegar a la calle. Logré comunicarme con mi esposo, que estaba muy cerca en el carro, antes de que colapsaran las redes telefónicas.

Justo cuando llegué al primer piso empezó el caos. La gente empezó a salir corriendo de las oficinas, a gritar y más de uno empezó a empujar al que estuviera en su camino. Y empezó el verdadero show de las reacciones impredecibles.

Un hombre, que media por lo menos 1,85 mts, se transformó en una niña pequeña que llora a aterrada. Una señora de unos 60 años, tomo el liderazgo de la evacuación e intentó calmar a la gente que corría asustada. Claramente no falto el que pensó primero en sacar el celular y grabar todo, antes de pensar en su seguridad y el que ni se dio cuenta de lo que estaba pasando. Mi odontólogo ni siquiera se paro de su silla, siguió como si nada atendiendo a su paciente.

El edificio donde estaba no era el mas nuevo de todos, no les exagero cuando les digo que pedazos de la fachada empezaron a caerse. Ahí sentí pánico y pensé que podría ser más que un temblor.  Nunca había visto como se mueven los postes de luz y los carros en la calle. El pánico colectivo llegó cuando las pantallas de los celulares se llenaron de mensajes que decía: “error en la llama”.

Pero con la misma velocidad con la que nos transformamos, volvemos a ser nosotros mismos. Después de hablar con nuestros seres queridos, tratamos de buscar estabilidad igual que los postes de la luz. Le abrimos la puerta a la razón para que entre nuevamente a nuestras vidas.