EL QUE INVITA PAGA LA CUENTA.

EL QUE INVITA PAGA LA CUENTA.

Me acuerdo que siempre que mis amigas me invitaban a alguna fiesta o a comer,  yo le pedía plata a mi papá para la salida, y él siempre me preguntaba ¿no te habían invitado? Y es su concepto de invitación, era  bien diferente del mío, en esa época.

Más de una vez, después de explicarle que sí me habían invitado, pero que yo tenía que pagar mi parte, él me decía “esas invitaciones de ustedes no son invitaciones” y me contaba una de sus historias de juventud.

Alguna vez una “amiga” lo llamo para invitarlo a cine, cuando llegaron al teatro ella, regia, esperaba  que mi papá pagara las boletas. Me hubiera encantado estar ahí y haberle visto la cara cuando mi papá, muy tranquilamente le pregunto ¿no fuiste tú la que me invito a mi? – Y es que la verdad, aunque no siempre pasa, el que invita paga la cuenta.

Como podrán imaginarse a la “amiga” no le gusto mucho la reacción de mi papá y ella y su invitación a cine se convirtieron en una anécdota más. Pero ahora, cuando la plata de la “invitación sin invitación” sale de mi bolsillo, me pregunto, si hay una diferencia tan radical, entre invitar y cobrar ¿porqué casi nunca se hace la aclaración?

En un principio creí que es un tema de las palabras, las nuevas generaciones somos de pocas palabras, no sé si será pereza o practicidad, pero preferimos  decir/escribir  ¿vamos a cine? que la versión larga ¿vamos a cine y cada uno paga su boleta y sus crispetas?

Pero después me di cuenta de que más que un problema de léxico, es un problema de apariencias. Nadie quiere que lo vean como el tacaño, que aclara siempre que aunque  invita quiere decir que va a pagar la cuenta. O en el caso contrario nadie quiere pensar que sus amigos son tan conchudos, como para creer que toda invitación incluye todos los gastos pagos. Claro que si nos vamos a la estricta definición, una invitación es eso, pagar los gastos de alguien, por voluntad propia.

A mí hay pocas cosas  que me parezcan más incomodas que me inviten a algo y terminen pidiendo cuota o dividiendo la cuenta, y que ni me hablen del amigo que siempre se va para el baño en el momento de pagar o se queda sin efectivo.

Por supuesto que hay momentos para invitar y momentos en que la cuota es un must, por eso yo soy de las que prefiero que me digan clarito el plan, y el modo de pago. Igual, cuando estoy del otro lado, por más incómodo que pueda ser y corriendo el riesgo de herir susceptibilidades, procuro ser precisa, como dicen por ahí “preferible una vez colorado, que toda la vida descolorido”.

 

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