YO NO CREO EN LA LEY DE MURPHY.

YO NO CREO EN LA LEY DE MURPHY.

Yo no creo en la ley de Murphy, yo no creo en la ley de Murfin. Cuando estaba chiquita, tenía la costumbre de cambiarle el nombre a las cosas, o cambiar partes de los dichos que le escuchaba a mis hermanas. En ese hábito cayeron, entre muchos otros el Señor Murphy y Kenny de South Park (que para mí era Kennedy).

Pero mi confusión con Murphy, fue más allá. No solo le cambié el nombre sino que cambie su famosa ley. Para mí la ley de Murphy era simplemente la culpable de todas mis desgracias, es más puedo decir que llegue a sentir odio por el tal Murphy.

Yo pensaba que cada vez que se me hacía tarde y además había trancón, cada vez que encontraba el celular justo cuando dejaba de sonar o cuando al cerrar la puerta de la casa me acordaba que no había sacado las llaves, el Sr. Murphy se reía desde algún lugar. La ley de Camila era la siguiente: “Cuando estés más fregado, es el momento en que todo empeora.”

Y así funcioné, hasta que en alguna parte leí la verdadera la ley de Murphy y entendí que no era una maldición. Por si alguno ha tenido la confusión, igual que yo, la más famosas de las leyes de Murphy es “Todo lo que puede suceder, sucede” y sucede bueno o malo independientemente de tu estado de ánimo.

Leyendo un poco más sobre este tema tan popular me di cuenta, de que más que una justificación, bastante pesimista, de porqué pasan las cosas, la ley de Murphy es una forma de ver el mundo. Un mundo que a mi parecer no es muy esperanzador, de la ley principal de Murphy nacieron otras como “Por sí mismas, las cosas tienden a ir de mal en peor” o “Si algo parece que va bien, es obvio que se ha pasado algo por alto.”

Del lado de los que ve el vaso medio vacío están los que viven convencidos de que el universo confabula en nuestra contra y de que el pan siempre cae del lado de la mantequilla. Aunque no es fácil y más que un pensamiento es una actitud, en la que tengo que trabajar, todos los días, decidí dejar de creer en la ley de Murphy y creer en la ley del “Todo pasa por algo”.

 

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