YO SOY DE PELÍCULAS CLÁSICAS

YO SOY DE PELÍCULAS CLÁSICAS

En la universidad dentro de las muchas clases que vi, hubo un par que condensaron lo más importante y útil, para los que un día decidimos que nos queríamos dedicar a la producción audiovisual. De mis favoritas, las clases de escritura y guión, porque yo soy de películas clásicas. Y no clásicas, de blanco y negro o mudas, clásicas porque que tienen una narrativa clara, fluida y con sentido. Las películas en las que realmente pasa algo.

Que me gusten las películas de estructura narrativa convencional, no quiere decir que las películas con enfoque surrealista o técnico no me gusten, pero honestamente las disfruto menos. Soy más de fondo que de forma y esa es la razón por la que Birdman y Boyhood para mí se quedaron cortas.

Por su lado Birdman resalta lo obvio, la sociedad actual en donde las personas son famosa porque si, donde es más relevante ser visto por 80.000 desconocidos que conocerse a si mismo, temas que para mi están trillados. Es una paradoja, la película taquillera, con actores galardonados, que critica la industria de la que es parte importante.

La justificación para un trama que avanza de a pocos y en todas las direcciones posibles es su técnica. La idea de grabarla como un falso plano secuencia, el dar a audiencia la posibilidad de ver lo que pasa del otro lado de la pantalla y excelentes actuaciones. Pero me pregunto ¿se vale sacrificar, casi por completo, la narrativa, los giros, el ritmo, la estructura por la técnica?

Es casi como si la trama fuera una simple excusa. La historia de padre e hija disfuncional que se compone, la “mid-life crisis” de un hombre andropáusico, un humor forzado a punta de clichés de actrices que no se valoran, de actores con carreras exitosas y vidas miserables, la interminable pelea del productor por sacar adelante lo imposible, la crítica de teatro amargada que se reforma al ver una actuación prodigiosa, la obra mala que se convierte en éxito.

Y es que si Birdman descuido la trama, entonces Boyhood se olvidó por completo de ella. Esa sí que es una película en que no pasa nada además del tiempo. Cuando uno esta en cine y las personas se salen de la sala, empiezan a iluminarse las pantallas de los celulares, y se espera con ansias que salgan los créditos, algo no esta del todo bien.

El esfuerzo en materializar la idea de usar los mismos actores, de arriesgarse en una producción de 12 años, es de admirar y es precisamente lo que convirtió a Boyhood en una de las grandes favoritas del año. El tomar el riesgo de hacer algo absolutamente innovador es ya de entrada un punto positivo.

Sin duda que en algún punto de la historia, uno se siente identificado con alguno de los personajes, la mamá que dedica su vida a sus hijos y al final no sabe como estar sola. El niño que pasa de preguntarse si hay magia en el mundo a cuestionar la sociedad errática en que vivimos, o el papá poco ejemplar. Pero en mi opinión una película no puede conformarse con generar empatía en su audiencia, una película debe remover las fibras, debe generar preguntas, debe transformar aunque sea un poco la forma de ver el mundo.

De cualquier manera, estas son dos películas que hay que ver, porque independientemente de que no nos gusten o las amemos, son películas no convencionales, y además están nominadas por la academia y verdaderos críticos de cine. Mañana en la entrega de los Oscar sabremos finalmente si el 2015 es el año de las nuevas propuestas o de los clásicos.

 

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