UNO NO CONOCE REALMENTE A ALGUIEN HASTA QUE SE VA DE PASEO CON ELLA.

UNO NO CONOCE REALMENTE A ALGUIEN HASTA QUE SE VA DE PASEO CON ELLA.

La temporada de vacaciones a punto de empezar, el ver el merecido descanso, planeado durante meses, en el horizonte y saber que es tiempo de sacar la maleta del depósito me puso a pensar que uno no conoce realmente a alguien hasta que se va de paseo con ella.

En el ambiente de piscina/playa y asoleadoras cada uno saca a relucir su verdadera personalidad. Y es que sin importar el grupo de amigos o familiares con los que uno viaje, hay personajes que nunca faltan: el delegado de juegos, rifas y espectáculos; el encargado de alimentos y bebidas; el ermitaño; el pez que siempre está en la piscina o el adicto al ejercicio que madruga a montar en bicicleta.

Yo por ejemplo soy de las que madruga para recibir el sol de la mañana, es algo que aprendí de mi mamá. Siempre que estoy de viaje con ella nos ponemos de acuerdo para despertarnos y poder elegir con calma, y mucha técnica, el lugar perfecto para estar el resto del día. Yo soy de las que sienten cargo de conciencia de hacer la siesta sino está lloviendo, pero sobre todo soy de las que en el primer día se broncea espectacular, tengo la técnica infalible para quedar rojo langosta.

Siempre desempaco toda mi maleta y llevo muchísima más ropa de la que necesito; soy pésima para planear los menús, siempre pido café y me pido ser el juez en cualquier juego de piscina, de pronto algo tenga que ver que la mayoría de las piscinas son más hondas que mi 1.57 de estatura.

Lo cierto es que cada uno es siempre un personaje, y creo que lo más rico de un paseo es que cada uno disfrute a su manera, unos durmiendo y otros madrugando; unos asoleándose y otros huyendo del sol, unos leyendo y otros como yo, escribiendo.

 

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