EL TRÁFICO BOGOTANO ES UNA PRUEBA A MI PACIENCIA.

EL TRÁFICO BOGOTANO ES UNA PRUEBA A MI PACIENCIA.

Prender el carro. Respirar profundo. Hacer el firme propósito de no pelear con nadie en el camino. Arrancar. La primera prueba por lo general es alguno de mis vecinos, el del parqueadero del frente, que cree que su carro es una limusina, y lo deja salido o el que viene entrando y no ha aprendido que “dejar salir es entrar primero”.

Salir a la avenida, solo para que algún bus se atraviese de extremo a extremo y me cierre el paso. Siempre he querido saber quién está más mal ¿el pasajero que para el bus que viene por el carril opuesto? o ¿el busetero que jamás usa el retrovisor o las direccionales y pasa a milímetros de mi carro? Respirar profundo y contenerse. Lo más probable es que ninguno de los dos se dio cuenta de lo que acaba de pasar.

Llegar al trancón. Lidiar con el personaje que seguramente va muy tarde para una cita y no puede decidirse por un carril, tiene que zigzaguear por todos. O con la que en medio del trancón se esta maquilando o hablando por celular y deja un tremendo espacio, para que se metan 3 carros delante de ella. La paciencia se va acabando con cada segundo que paso en el trancón.

Buscar una vía alterna. Poner la direccional y esperar que alguien se apiade de mi y me deje salir. Fallar en el intento. Acelerar de a poquito y tratar de meterme delante del taxista que, aunque ve lo que estoy intentando hacer, sigue acelerando. Estoy segura de que los trancones sacan el niño interno de la gente, ese que por nada del mundo quiere dejar que se le cuelen en la fila.

Salir del trancón , solo para meterme a uno más pequeño. Entrar en pánico cuando veo un cráter en mi carril y saber que si freno, el carro de atrás se estrella conmigo, porque nadie en esta ciudad sabe “conservar su distancia”. Coger el hueco y sentir como algo se rompe debajo. Rezar para que no sea nada grave y quede varada en la mitad de la calle.

Encontrarme con algún taxista que crea que cuando saca la mano por la ventana del carro, mágicamente se abre un espacio o mi carro se desaparece. Finalmente llegar a la oficina y ver que alguien esta usando mi parqueadero. Esperar 10 minutos a que baje. Respirar profundo. Tranquilizarme. Parquear. Apagar el carro y decir: El tráfico bogotano es una prueba a mi paciencia.

 

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