ARMAR Y AMAR LA RUTINA.

ARMAR Y AMAR LA RUTINA.

Hace casi un año, todavía con el bronceado intacto y abrumada con la idea de volver a la rutina después de un mes de vacaciones escribí la Nota Mental # 13: Volver a la rutina es un proceso de 10 pasos. En esa época la sola idea de retomar la vida que gira en torno a los horarios, los planes y las citas me producía escalofrío.

Hoy lo que me produce escalofrío es la idea de dejar o tener que cambiar un poco la rutina de mi día a día. Cuando se tiene un bebé de 3 meses la rutina se convierte en tu mejor amiga. Por eso ahora tengo que armar y amar la rutina.

Yo siempre he sido un poco obsesiva con la organización de mi tiempo. Siempre tengo mi agenda a la mano y me gusta ponerme fechas límites y horarios para hacer las cosas. Ahora con la llegada de Letizia esa pequeña obsesión me ha ayudado a mantenerme cuerda.

Las primeras semanas, mi rutina era igual a la de la bebé. Yo dormía, comía y vivía a su ritmo. El día en que no lo hacía  la jornada nocturna (despertase cada 3 horas) se convertía en una pesadilla. Creo que ese fue el momento que aprendí a amar la rutina. La parte en que aprendí a armarla vino un poco más tarde.

Realmente cuando uno tiene un hijo, debe estar preparado para botar toda su rutina por la ventana y dejar la hoja en blanco. En mi experiencia es una tarea muy complicada y poco exitosa, tratar de “embutir” las necesidades de tu hijo en un tu rutina ya establecida.

El trabajo, la casa, incluso uno mismo va en segundo lugar. Primero va Leti y sus cosas: teteros, pañales, siestas, citas médicas y Gymboree y en los intermedios se van acomodando el resto de actividades.

A medida que pasan los días, se va acostumbrando uno a la rutina. A despertarse a las 6am para estar en la oficina a las 9am. Se aprender a entender que no todo se puede agendar y controlar y que a veces es necesario parar para respirar y coger impulso. Sólo así se se va armando la rutina, de pocos y a punta de prueba y error.

 

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