Trucos para mamás: Pedir y recibir ayuda

Trucos para mamás: Pedir y recibir ayuda

¡Somos súper poderosas! Eso no está en duda, pero muchas veces dejamos que nuestro súper poder se convierta en querer o tener que hacerlo todo solas. Esto puede ser muy nocivo sobre todo si nos creemos el cuento cuando se trata de nuestros hijos, su cuidado y su crianza.

El proverbio africano “it takes a village to raise a child” no puede ser más acertado. Necesitamos de una aldea, una tribu,  no sólo porque mamá lo necesita,  sino por que nuestros hijos también quieren y requieren de compartir con otras personas.

Entender que no tenemos que ponernos todos los sombreros y que está bien levantar la mano y pedir ayuda es clave. No es fácil, pero hoy les quiero compartir 3 pasos que les pueden ayudar en esta misión: 

  1. Define cuáles son tus necesidades:

Como nos pasa a muchas, sentía que era  la única que sabía hacer las cosas de Leti bien. Solo yo sabía peinarla, sólo yo sabía alistarle la lonchera, la clase de ballet es un plan con mamá, yo la debo acostar porque soy yo la única que se sabía su rutina de la noche. Y así mil cosas más que teóricamente sólo podía hacer yo. Esta lista interminable  me robaba muchísimo tiempo y aunque eran cosas para Leti, no era tiempo que me dedicaba 100% a ella.

Antes de la pandemia, trabajaba en el mundo coroporativo y estaba en la oficina de 6 a.m. – 4 p.m. Además me demoraba 1 hora en llegar a mi casa en las tardes. Así que el tiemppo que tenía con Leti era muy reducido. Teníamos 2 horas y media para compartir y las dos necesitábamos aprovecharlas al máximo, pero mi lista interminable fácilmente podía robarse ese tiempo.

Para definir cuál era mi necesidad principal, empecé a preguntarme:  ¿Es llevarla a sus extracurriculares? ¿Alistar el uniforme? ¿Preparar su lonchera? La respuesta fue NO. Mi necesidad era compartir tiempo de calidad con ella, jugando, leyendo o haciendo algunas de las actividades que tanto nos gustan. ¡Una vez lo tuve claro, pude diseñar un plan!

  1. Pide ayuda:

Para lograr que las tardes fueran realmente nuestras, tuve que pedir ayuda. Lo primero que hice fue hablar con Migue, le conté como me estaba sintiendo y el me ayudó a evaluar que cosas podría delegar, qué cosas podíamos dejar de hacer y cuáles definitivamente debía hacer yo.

Mis suegros desde el día 1 han sido mi mano derecha, así que cuando les pedí que se encargaran de llevar a Leti a Kumon entre semana estaban más que dispuestos. Cuando ellos están de viaje los Titis o mis papás son nuestro equipo suplente.

Después de revisar nuestro presupuesto y previendo la llegada de Joaquín, contratamos por tiempo completo a la señora que nos ayuda en la casa. Ella además de arreglar y cocinar, se encargaría de alistar loncheras y  uniformes. Así poco a poco fui acercándome a mi meta, en las tardes literalmente dejaba el celular en mi habitación y no hacía más que jugar, hacer experimentos, leer y bailar. 

  1. Dile adiós a la culpa:

Leti estaba dichosa, pero en el fondo de mi mente estaba siempre la lista de pendientes, ocupando parte de mi atención. Y claro, una vieja conocida volvió a mi puerta. La culpa. Yo podría acostarme más tarde para alistarle la lonchera y el uniforme, podría ajustar el horario para que fuera a Kumon los días que tengo home-office y poder llevarla. Podría madrugar más, hacer más, cargarme aún más. Pero cada vez que intentaba hacer algún ajuste  mi equipo me frenaba en seco.  Incluso Leti cuando me pillaba haciendo alguna tarea en nuestra tarde de mamá e hija me sacaba tarjeta.

Al final cuando me convencí de que la mejor forma más directa y efectiva de todas de demostrarle mi amor a Letizia, era aprovechando nuestras tardes juntas y dedicarme 100% a ella. La culpa fue saliendo poco a poco, dejando espacio para la felicidad.

En este proceso llevo mucho tiempo, con todos los cambios que estamos viviendo incluida la llegada de Joaquín, la mudada temporal a Girardot y el aprendizaje a distancia, he tenido que hacer muchos ajustes. Pero sin duda fue una de las decisiones más acertadas que hemos tomado.

No debemos, ni podemos hacernos cargo de todo. Debemos repartir nuestra carga, levantar la mano y pedir ayuda y sobre todo buscar alternativas para hacernos la vida más amable. Al final la vida es esa búsqueda constante del equilibrio, el redefinir nuestras prioridades, conocer nuestras necesidades y no dudar en hacer los cambios que nos permitan despertarnos todos los días con el alma llena.