NUESTRA HISTORIA DE LACTANCIA

NUESTRA HISTORIA DE LACTANCIA

La semana antepasada les conté la historia de la llegada de Leti y a propósito de la semana mundial de la lactancia materna, escribí este post. La idea era compartirlo antes pero a Leti le dio otitis y ya saben que cuando ellos se enferman, todo lo demás pasa a segundo plano.

Así ya no estemos en #lasemanamundialdelalactanciamaterna quiero contarles como fue ese proceso para nosotras. Como todo en la maternidad, un montón de factores que hacen que esta experiencia sea un cuento de hadas para algunas y una pesadilla para otras. Yo a pesar de mis esfuerzos, estuve en el segundo grupo.

Pero antes de seguir quiero decirles que, ahora viendo las cosas con perspectiva y con las hormonas controladas, estoy absolutamente convencida de que si bien la leche materna es mágica para los niños, también un tetero de fórmula dado con amor incondicional, funciona perfecto. Así que sin importar el camino que elijan/o les toque, lo más importante es que sigan su instinto, que se asesoren y disfruten.

¡Ahora sí! Devolvámonos al momento en que tuve a Leti en mis brazos por primera vez. La enfermera me la entregó y me dijo que tenía que darle de comer, así que yo con toda mi "experiencia" me acomodé y sentí toda la fuerza de esa bolita que apenas podía moverse.

Ella chupaba como una aspiradora y yo no podía dejar de mirarla. Estaba hipnotizada, tratando de entender como esa lentejita que vimos en un monitor se había convertido en un ser humano y que ahora la estaba viendo, oliendo, sintiendo. De esa burbuja mágica nos sacó la enfermera preguntando: ¿No la cambió de lado? Les juro que no tengo noción de cuanto tiempo pasó, pero cuando Leti me soltó  me salía sangre del pezón y un corrientazo me dejo sentada en la cama.

Para mí ese fue el primer strike, a partir de ese momento darle a Leti leche de ese seno, me aterraba. Aunque el dolor era casi insoportable lo seguí haciendo. Empecé a lavarme después de cada toma y a usar cremas que ayudaron pero no aliviaron del todo el dolor, pero yo estaba decidida a lactar.

A medida que pasaban los días esa decisión empezó a convertirse un poco más en obsesión. Aunque gracias a Dios, no tuve depresión post-parto,  sí viví un baby blues, bastante fuerte. Una parte de mí se sentía inútil,  además de no haber podido "parir" a mi hija, parecía que tampoco iba a ser capaz de alimentarla.

Así que en mi afán de demostrar que era una buena mamá (como si ser buena mamá se tratara únicamente de parir y dar leche) empecé a comer y a tomar de todo. Tomé agua y extracto de hinojo, agua de panela, ponymalta y hasta cápsulas de  fenugreek, pero mi producción de leche era mínima. Con todo lo que me comía y tomaba lo único que aumentaba era mi peso, en un mes me subí 5 kg!!! Y para rematar cuando llevamos a Leti a su control de pediatría el Doctor nos dijo que estábamos en el limite, si ella bajaba más de peso, tendríamos que empezar con fórmula.

En mi frenesí de encontrar la solución a mi "problema", encontré una de mis blogueras favoritas. Ella había pasado por algo similar y había decidido hacer "extracción exclusiva", entonces el extractor se convirtió en mi mejor amigo.

Lo llevaba a todas partes y cada 3 horas, me desaparecía por 45 minutos para sacar apenas 5 o 6 onzas de leche. Esa decisión alivió mis pezones, pero no mi espíritu. Como no producía suficiente leche andaba siempre angustiada, como máximo iba con una dosis de ventaja. Leti comía y yo me enchufaba, así sobrevivimos 2 meses.

Cuando Leti iba a cumplir 3 meses, nos fuimos de vacaciones a Cartagena y no se si fue el calor o el avión, o Dios mandándome un mensaje, pero mi producción bajó aún más. Lloré mis ojos, me sentí derrotada. Pero por suerte (como dice Leti) mi esposo estaba a mi lado. El, un ser muy muy racional sacó su calculadora y me preguntó: ¿Cuántas veces al día estas conectada al extractor? y ¿Cuánto tiempo te demoras? - Cuando le contesté me hizo la última pregunta, con la que me desarmó. ¿No te parece mejor dedicarle esas 6 horas a Leti, que al extractor? Esa frase me cayó como un balde de agua fría. En mi cabeza todo lo hacía por Leti, pero en realidad lo hacía por mi, por mi necesidad de probar que podía hacerlo, por mi ego.

Ese día le dijimos adiós a la teta y después de llamar al pediatra compramos nuestro primer tarro de leche. Justo en ese punto, empecé a salir de esa niebla y más adelante logré pasar la página. No significa que la culpa se haya ido totalmente o que no anhele poder lactar u segundo bebé, pero si significa que hice las pases con la teta. Que entendí que lo mejor era que Leti tuviera su barriguita llena y pudiera seguir creciendo y que el no amamantar no me hacía una mala mamá.

Entendí que todo pasa como tiene que pasar y que cuando no tenemos el control sobre las dificultades, siempre podemos tener el control sobre nuestra actitud y la forma en que decidimos superarlas.