DIARIO DE UNA PUPA

DIARIO DE UNA PUPA

Desde antes de que Leti naciera, teníamos claro que la pupa o chupo iba a ser nuestra aliada número uno. Gracias a Dios Leti estuvo de acuerdo con nosotros y desde el día uno la amó. Aunque tiene sus contras, para esta familia fueron más las cosas positivas que aporto que las negativas. 

Cuando esta mamá primeriza estaba sufriendo con la lactancia, la pupa estuvo ahí para reconfortarnos. Le daba tranquilidad a Leti y le daba un respiro a mis adoloridas y agrietadas bubbies. Eso si durante ese tiempo, en que Leti casi no se movía y mucho menos era capaz de recogerla cuando se caía, muchas veces tuve que pararme de la cama para ponérsela. 

A medida que fue creciendo, ella solita buscaba la pupa en las noches y para facilitarle la tarea le compramos unas que brillan en la oscuridad. Pero también el que Leti estuviera más grande generó que se volviera más selectiva con sus pupas, de casi 6 que teníamos solo nos quedamos con 2 porque las otras ya no le gustaban. Eso nos complicó un poco la vida, porque las pupas se convirtieron en un tesoro y cuando alguna se embolataba, entrábamos en pánico.

No les niego que hubo momentos en que quise tirar la pupa por la ventana y olvidarme de ella, pero esos impulsos murieron cuando su pediatra nos confirmó que algunos estudios relacionaban la pupa con la disminución de la muerte súbita; nuestro amor por el chupo se restauró.

Por 2 años la pupa hizo parte de esta familia, en un punto se convirtió en un personaje que hacia cosas y a la hora de dormir teníamos que darle beso de buenas noches. Pero con la entrada de Leti al jardín, la salida de los dientes y el desarrollo de su lenguaje, empezamos a darnos cuenta que era hora de decirle adiós.

La técnica que usamos no la leímos en ningún libro ni esta científicamente probada, de hecho fue la misma Leti quien nos dio la idea. Un día, en la casa de mi hermana,  mordió la pupa tan duro que se rompió y obviamente empezó a molestarle cuando la usaba. Cuando me dijo que le dolía la lengua le dije: Amor se dañó la pupa ¡Hay que botarla! Y ella solita fue y la botó en la caneca. Obviamente no estábamos preparados para esa reacción y cuando llegamos a la casa lo primero que hizo fue sacar su pupa de remplazo y hasta ahi nos llegó la emoción.

 

Pero el siguiente fin de semana, esta mamá estaba decidida a decirle adiós definitivamente. El viernes en la tarde, con unas tijeras y sin que Leti se diera cuenta, le corté un pedacito y se la entregué. El proceso se dio igual que la vez anterior, solo que esta vez ya no había mas pupas en la casa. Evidentemente Leti lloró cuando le explicamos que no había mas pupa y en la noche que era el espacio en que más la usaba, se despertó un par de veces a buscarla pero no pasó de ahí, nada que un abrazo de mamá no pudiera remediar. 

Los dias siguientes cuando se acordaba, le reforzamos lo orgullosos que estábamos de ella y le explicábamos que ahora era una niña grande y que las pupas eran para los bebés. Luego cuando asimiló por completo el cambio se sentía muy orgullosa y le contaba a todo el mundo que ella ya no usaba pupa, que se había dañado y que ella misma la había botado.

Esperamos que nuestra experiencia les sirva y les de ánimo si están en el proceso. Les confieso que a nosotros como papás también nos dió duro, despedirnos de una herramienta  que nos sacaba de apuros, pero cuando lo logren se van a sentir felices y orgullosos de haber superado una etapa mas al lado de sus chiquitines.

Ps. Esta es la última foto de Leti con pupa: NOSTALGIA VEN A MI!!

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