MARAVILLOSAMENTE COMPLICADA.

MARAVILLOSAMENTE COMPLICADA.

Complicada, es una palabra que tiene una connotación negativa, por eso puede sonar extraño decir que ahora con nuestra hija la vida es maravillosamente complicada.  Honestamente cuando se agrega un bebé a la ecuación, hasta las tareas más sencillas como salir de la casa o comprar un par de zapatos se pueden volver una misión imposible.

A medida que Letizia ha ido creciendo, la complejidad de algunas tareas ha ido disminuyendo y otras que antes eran facilísimas han dejado de serlo.

Por ejemplo las salidas son menos enredadas que los primeros meses. Primero coordinar la hora de la salida para que no se cruzara con las siestas o las comidas era toda una ciencia y ni les cuento del arsenal de cosas que llevábamos: coche con su respectiva cobija, almohada y plástico por si llovía; pañalera llena de agua, leche, teteros, chupos, pañales, pañitos, cremas, mudas y juguetes. Salíamos más cargados que Papá Noél. Ahora cambiamos el coche por el canguro, el tetero se queda en la casa y un par de pañales son más que suficientes.

Por el contrario, irnos de alguna parte es una de las tareas que se ha complicado. Antes cuando estábamos de visita en alguna parte y llegaba la hora de irnos, solo metíamos a Leti el el choche y listo. Ahora, si la está pasando muy bien la despedida es una tragedia total, con llanto y manitos que se agarran muy fuerte para no dejarse levantar del suelo. Me demoro un rato buscando los zapatos que siempre se embolatan y recogiendo el monton de juguetes que lleva.

Pero hablando de zapatos, el shopping se ha convertido en una maratón. Medirle los zapatos es tarea casi imposible, sobre todo cuando en el almacén hay una piscina de pelotas de la que ella no quiere salirse nunca. Y la ropa es otro enredo, en teoría deberíamos estar comprando ropa de 12 meses, pero casi nunca le queda, así para evitar tener que hacer cambios la única opción es medírsela y déjenme decirles que no es su plan favorito.

Las comidas, también han dejado de ser tan complicadas de manejar, aunque el proceso fue menos rápido. Inicialmente éramos un restaurante ambulante, el almuerzo y a comida de Leti salían única y exclusivamente de la cocina de la casa, sus sopitas las preparaba yo. Después poco a poco fuimos acostumbrándonos a que comiera en algunos restaurantes, pero en ese punto nos convertimos en investigadores profesionales de ingredientes y sabores.

Descubrimos que la sopa de lentejas de Crepes tiene mucho comino y que a la de espinaca hay que pedirle adición de pollo para que sea una comida balanceada. Somos los compradores numero uno del “ajiaquillo” de frisby. Su jugo favorito de mandarina lo conseguimos en casi todos los restaurantes, así que en la pañalera sólo tiene que ir su cuchara, babero y vaso de pitillo.

Antes de que naciera Leti, yo creía que teníamos una vida relativamente complicada. El trabajo, las cuentas, las casa, el tráfico y los compromisos a veces enredaban un poco nuestro día a día. Ahora estamos seguros de que nuestra vida es maravillosamente complicada, revolucionada por una princesa de 75 cm.

 

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