MI AMIGO EL MIEDO.

MI AMIGO EL MIEDO.

En una de mis primeras notas mentales, escribí sobre el miedo. Hoy con un poco más de experiencia y  más años de convivencia con mi amigo el miedo, me vuelvo a sentar frente al computador para escribir sobre el.

Ser mamá es una experiencia reveladora, es un viaje  que nos lleva a lugares que jamás habíamos imaginado visitar. Un abanico completo de emociones que se puede recorrer en un segundo. Unos días es la experiencia más mágica y otros como hoy, es un poco aterradora.

Alguna vez leí que la maternidad hacía que las mujeres encontráramos fortalezas que no sabíamos que teníamos y nos enfrentaba con miedos que no sabíamos que existían. Y honestamente creo que es una descripción bastante acertada.

Yo en términos generales soy una persona miedosa, pero cuando tuve a Leti, mis miedos de antes salieron volando por la ventada para dejarle espacio a unos nuevos. Como todas las mamás no quiero que nada le pase. Absolutamente nada, y saber que no sin importar cuanto me esfuerce es imposible protegerla de todo, me produce miedo. Físico y puro miedo.

Miedo de equivocarme, de no estar a la altura, de ser demasiado dura o suave. Miedo de que se caiga, se pegue o se atore. Miedo de que alguien la ofenda o de que le rompan el corazón. En resumen, creo que las mamás sentimos miedo de todo, o bueno, por lo menos yo tengo miedo de todo.

La vida cambia en un parpadeo. Las mejores cosas y también las peores ocurren en fracción de segundos y es esa misma incertidumbre e inestabilidad la que me asusta tanto. Esta semana fue “una de esas semanas” llenas de lecciones y enfrentamientos cara a cara con mis miedos.

Leti estaba absolutamente revolucionada, sus 13 meses vinieron con nuevos aprendizajes. Unos que me alegran la vida, como su primer diente o su primer paso. Otros que me aterran, como una manita popocha que me tapa la boca o sus nuevos dotes de acróbata para bajarse del coche.

Para acabar de rematar, ayer se atoró a la hora del almuerzo. Ni les cuento el pánico que sentí. Este es el momento en que todavía tengo desaliento, culpa y terror de solo acordarme. Intenté mantener la calma y aplicar las técnicas que había aprendido para estos casos, pero esos segundos fueron una eternidad.

Sentí que el mundo se me acababa, me sentí impotente, angustiada o quizá sea mas descriptivo decir que estaba aterrorizada. Una vez pasó el susto me ataque a llorar con ella. Nos abrazamos y el alma me volvió al cuerpo.

Vamos recorriendo, muy rápido para mi gusto, ese camino que la llevará a convertirse en una niña pequeña. Con cada día que pasa ella crece y así crecen los desafíos a los que nos enfrentamos. Cada segundo son más los peligros a los que se expone y me parece aveces, que son menores las posibilidades que tengo de protegerla.

Se que son muchas las lecciones que nos quedan por aprender y lo que me ayuda en días como este es el pensar que nos quedan muchos muchos muchos días maravillosos sin sustos ni atoradas.

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