BOLETA PARA LA AVENTURA.

BOLETA PARA LA AVENTURA.

Siempre he creído que las mujeres somos mamás desde el momento en que empezamos a buscar nuestro primer bebé.

Cuando decidimos entregar no solo nuestro cuerpo sino nuestra vida entera a un chiquitín, sin importar cuanto se demore en llegar o que haya que hacer para que llegue.

A pesar de que estuve esperando años este momento, el día en que por fin me convertí en mamá, literalmente me quedé congelada.

Fue un Viernes. Muy temprano en la mañana pedí la prueba a domicilio, pero en el corre corre del día me olvide por completo de ella. Sólo cuando llegue a mi casa en la tarde y vi la caja me acordé.

Les confieso que durante el tiempo en que estuvimos buscando quedar embarazados, todos los meses me pasó lo mismo. Creía que estaba embarazada, compraba la prueba y salía negativa, así que esta vez sin tanto misterio me metí al baño.

Hice lo que tenía que hacer, puse el temporizador y me metí a Instagram. Cuando sonó la alarma y vi esas 2 rayas azules, no supe que hacer. Leí las instrucciones 10 veces en menos de 1 minuto. Cuando por fin reaccioné salí corriendo a buscar a Miguel.

El estaba sentado en la sala revisando su mail en el computador. Me le senté al lado y le dije: “Creo que vas a ser papá”. Acto seguido nos dio un ataque de risa que duró 5 minutos, lloramos, nos abrazamos y seguimos riéndonos.

Todo esto pasó entre susurros y secretos al oído, porque mis suegros estaban en nuestra casa y no queríamos contarles hasta estar 100% seguros. Como todo papá primerizo, pensamos que la prueba podría estar dañada, así que nos inventamos cualquier excusa y salimos a comprar otra.

En medio de la emoción se nos olvidó que habíamos quedado de ayudar a mis papás con su trasteo así que después de la parada técnica en la droguería salimos para su casa. No estoy exagerando cuando les digo que Migue me dio por o menos 3 vasos de agua y uno de coca-cola en menos de 30 minutos y obvio como era de esperarse a mi no me dieron ganas de ir al baño.

Cuando por fin me hice la segunda prueba y salió positiva, no fue suficiente para este par de primerizos, así que nos inventamos otra excusa y nos fuimos para el laboratorio clínico. El resultado nos lo entregaron al día siguiente después de medio día. Sobra decir que esa noche no dormimos y que la mañana del Sábado no fue eterna sino lo que sigue.

Cuando tuvimos ese sobre en la manos, nos tomamos unos minutos para digerir todo lo que estaba pasando. En ese punto nuestros corazones estaban seguros, los nervios que teníamos no eran de pensar en que íbamos a ser papás, sino de miedo de pensar que todo era una falsa alarma.

Leímos el resultado y una vez más la risa era incontenible, esa hoja de papel era la boleta para la mejor aventura de nuestras vidas.

 

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