ALCANCÍA DE PALABRAS.

ALCANCÍA DE PALABRAS.

Conozco muy pocas personas que no hablan ni critican a los demás. Literalmente puedo contarlas con los dedos de una sola mano. Por  más de que sabemos que no está bien hacerlo, algunos de nosotros disfrutamos de echar chisme, de opinar de la vida de los demás y jugar al juez de vez en cuando.

La forma en que se visten o la forma en la que  hablan. Las decisiones que toman o en algunos casos no toman. Su trabajo, su pareja, todo ante un ojo afilado y una lengua venenosa puede ponerse en tela de juicio.

Todos en algún momento u otro lo hemos hecho. Yo admito que yo estoy en el grupo de los que debe trabajar en esta debilidad, porque suelo opinar y juzgar más de la cuenta. Pero también he estado del otro lado, me han criticado, me han juzgado y han querido opinar sobre mi vida en un par de ocasiones.

No es por justificarme, pero en mi opinión hay detonantes que provocan una avalancha de críticas y de juicios. Por ejemplo esta semana una de mis vecinas, en esas conversaciones incómodas en el ascensor, resolvió, comentarle a mi esposo que mi bebé lloraba mucho.

No se imaginan el nivel de histeria que me produjo esa frase ¡Tuve que contenerme para no ir a su casa a reclamarle! Lo que más me molesto es que no es cierto. Letizia llora lo normal, lo que llora un bebe de 5 meses. Solamente que por esos días, estaba un poco indispuesta y consentida.

Simplemente no entendí que buscaba lograr con sus palabras. ¿Será que pensaba que iba a encerrar a mi bebe en el baño cuando lloraba para no molestarla? O ¿Su comentario iba más allá e implícitamente decía que yo dejaba llorar a Leti? La cabeza me daba vueltas.

Duré días con ganas de encontrármela en el corredor para decirle un par de cosas, le conté a toda mi familia la historia y me amargué, quizá,más de la cuenta. Se convirtió en mi objetivo militar y debo confesar que, bruja fue el apodo más bonito que le puse.

Me imagine mil escenarios en donde no le contestaba  el saludo, la miraba con rabia, le ponía una una grabación de un bebé gritando a las 2am y soñé con cerrarle la puerta del asesor en la cara y decirle: mejor bajo sola, por si la bebé se pone a llorar.

Duré días así hasta que mi esposo, también conocido como mi polo a tierra, me dijo: amor no te desgastes. Seguro tiene problemas en su casa y es de esas personas que anda tirando flechas a ver quién se las responde y tu no eres así.

Y ahí, como un balde de agua fría, esas palabras me hicieron reaccionar. Aunque se metieron con mi tesoro más grande (creo que eso hizo que reaccionara como una pantera) no tenía sentido que yo me pusiera al nivel de ella.

¿Porqué estaba haciendo eso que tanto me molestó? ¿Porqué hablaba mal de ella? No tenía sentido alguno entrar en su juego  ¿Porqué me estaba comportando así, cuando realmente esa no soy yo? Así que opte por el camino más sano, después de reflexionar entendí que lo mejor era aplicar la teoría de que a palabras necias, oídos sordos. Digerir la situación y sentarme en frente al computador a escribir.

Al final entendí la leccion. Todos necesitamos un alcancía de palabras, para ahorrarnos todos esos juicios y críticas. No solo porque no suelen ser constructivas, sino porque no sabemos qué pasa realmente.

Nunca vemos el detrás de cámaras de la vida de alguien más, no sabemos las cosas que lo llevan a comportarse así. Pero lo más importante es que no tenemos derecho a hacerlo. A esta vida no vinimos a juzgar a los demás, sino a aprender de ellos.

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